EL DOCUMENTAL DE PBS
Por Hugo J. Byrne
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Received: Sat, 05 Feb 2005 07:57:33 PM CST
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Subject: EL DOCUMENTAL DE PBS Por Hugo J. Byrne
Muchos amables lectores me han pedido que opine sobre el documental
minibiográfico del Tirano Castro que se exhibiera nacionalmente por la "
Public Broadcasting Systems" el pasado lunes 31 de enero. A veces quisiera no
tener que opinar inmediatamente sobre eventos como ese y poder esperar a procesar
con máxima serenidad cada detalle, haciendo un escrutinio completo de todas
sus implicaciones, que son múltiples. Infortunadamente la apremiante obligación
de quien quiera comentar la actualidad no lo permite.
Sin embargo, dentro de esos estrechos parámetros es posible sentar
ciertas bases. La mejor actitud para un juicio sereno consistiría en tratar de
entender cuál es el propósito del documental. Sobre todo aprender su origen
y la audiencia para la cual se hizo. Por de pronto entendamos que en los
predios de la PBS, fuera de ciertos programas culturales o artísticos, nunca
ocurre (ni ocurrirá) nada que no sea "políticamente correcto", o por lo menos de
algún modo afiliado al esquema político de la izquierda.
Siempre habrá en PBS un nicho para las estridencias "liberales" de un Bill
Moyers y nunca para el periodismo objetivo y parsimonioso de un Britt Hume.
Sería muy interesante poder hacer un "survey" de las filiaciones políticas de
los productores contribuyentes a la programación de PBS. Como se dice en el
idioma inglés, sería "a foregone conclusion".
Más de un comentarista cubanoamericano ha hecho ya una disección inteligente
del documental y entre ellas considero la de mi amigo Humberto Fontova (autor
de "Helldivers Rodeo" , "Hellpig Hunt" y un nuevo libro que se publicará en
el futuro inmediato sobre los amigos de la tiranía en Hollywood) la más
incisiva. Un estudio somero de los panelistas del programa nos puede dar una idea
bastante aproximada de la medida de su objetividad, la que también puede
analizarse en términos de los eventos históricos que presentara tanto como aquellos
que omitiera.
Castro aplicó el terror de manera más total e indiscriminada, para consolidar
su régimen, precisamente en la época en que los dos más importantes
panelistas "exiliados" del programa, Norberto Fuentes y Carlos Franqui, no sólo
pertenecían a su sistema de opresión y crimen, sino que lo hacían como sus
principales propagandistas. Como director del diario "Revolución", primer órgano
oficial del castrismo antes de "Granma" , Franqui aplaudió la estrategia de "
tierra quemada" que usara Castro contra los alzados del Escambray y el
fusilamiento sumario de campesinos prisioneros, llamando ese genocidio en los cintillos
de su libelo "Terror Revolucionario contra terror Contrarrevolucionario".
Este gacetillero del castrismo, al desertar de su mentor, decidó exiliarse en
Italia (a fines de la década del 60) por temor de lo que la memoria de su
conducta pudiera suscitar entre los ya numerosos desterrados cubanos en Estados
Unidos. Por su parte Norberto Fuentes, más joven que Franqui, fue hasta fines de
los años ochenta el Joseph Goebbles de Fidel Castro. Es precisamente Fuentes
quien acuña la frase "lucha contra bandidos", para referirse a la represión
contra la guerrilla del Escambray, frase que usa para titular uno de sus
primeros libros y que adopta Castro para denominar a su primera "tropa élite".
Las llamadas "Unidades de lucha contra bandidos" organizadas en el
Ministerio del Interior, más tarde se llamarían "Guardias Fronterizos" y por último "
Tropas Especiales del MININT". Esas fuerzas élite castristas que están
moldeadas en las SS nazis y que juran como ellas lealtad al "Comandante en Jefe",
fueron las que sirvieran con más notoriedad los intereses de Castro y de la por
suerte fenecida Unión Sovética en Centroamérica, Africa y el Oriente Medio.
Irónicamente, Fuentes tiene capacidad para hacerle daño a la tiranía por su
conocimiento vasto del modus operandi de su antiguo amo y porque sabe escribir.
Hasta cierto punto quizás pueda decirse otro tanto de Carlos Franqui. No así
de Alcibíades Hidalgo, que simplemente fungía como palafrenero personal del "
Hermanísimo" Raúl, hasta que decidiera tomar una embarcación y huír a la
Florida en el 2001. Sin embargo, no enfatizar al público los sangrientos
antecedentes Castro-totalitarios de estos tres panelistas demuestra fuera de toda duda
que ni la productora del programa, ni BPS tenían la más mínima intención
objetiva.
El resto del panel "exiliado" (a excepción de Rafael Díaz-Balart y el
antiguo prisionero de Castro por 22 años poeta y autor de "Contra toda esperanza",
Armando Valladares) es un "quien es quien" del grupito insignificante que
promueve paz con la tiranía, acatando sus términos. Entre ellos se destaca
Alfredo Durán, expulsado merecida y desonrosamente de la Asociación de Veteranos de
la Brigada 2506. Los "pundits" norteamericanos, incluyendo la
desacreditadísima figura del "Embajador" Wayne Smith (quien optara por humillarse al
perder un litigio por libelo con el desaparecido fundador de la FNCA Jorge Más,
antes que pagar $40,000) son también todos lobos de la misma camada, quizás con
la excepción de Gorgianne Geyer, talentosa autora de "Guerrilla Prince",
biografía bastante objetiva del Tirano.
Sin embargo, no sería honesto ignorar que por la primera vez en su muy
parcial historia PBS proyecta luz sobre ciertos acontecimientos grandemente dañinos
a la propaganda de Castro entre el pueblo norteamericano, como es su demanda a
los soviéticos de bombardear Estados Unidos con misiles atómicos en octubre
del 62, "para salvar el socialismo, aunque Cuba desaparezca del mapa".
Tampoco puede hacer feliz al Tirano que una emisora nacional norteamericana
eminentemente "liberal" y hasta el presente simpatizante de su régimen como PBS,
exhiba ¡por fin! las largas y melancólicas líneas de campesinos desplazados a la
fuerza del Escambray a Pinar del Río; "¡porque era la única forma de obtener
seguridad para los soldados de la revolución en esa zona de Las Villas!".
Lo descrito en el párrafo anterior, más un cierto apego a la realidad en las
características personales de Castro constituyen la parte objetiva en el
documental de PBS. Empero, ocultar la verdad es esencialmente mentir. La señora
Bosch y PBS no encontraron espacio en su programa de dos horas (entre decenas
de otros acontecimientos característicos del oprobio de los últimos 46 años)
para la masacre del remolcador "13 de Marzo", ni para la paliza indiscriminada
en la represión del alzamiento popular expontáneo del Malecón habanero de
1994, ni para el asesinato cobarde de cuatro pilotos desarmados de "Hermanos al
Rescate" sobre aguas internacionales en 1996.
Quienes todavía nos jugábamos la piel en Cuba el 17 de abril del 61,
recordamos lo difícil que resultó comunicarse justamente antes o durante ese día, con
alguien, ¡con cualquiera!, entre las respectivas unidades o células del
clandestinaje a las que pertenecíamos. No se podía localizar a nadie y parecía que
La Habana se hubiera encogido de repente.
En cuestión de horas decenas de miles de personas que se suponían
desafectas al régimen fueron apresadas y comprimidas en fincas aledañas a la gran
ciudad. Se les acorraló en campos deportivos, teatros y parques. No tenían agua
ni alimentos, las facilidades sanitarias eran casi inexistentes y sufrían la
amenaza contínua de ser ametrallados por sus captores. A través de la Isla
Castro tomó como rehenes a hombres y mujeres de todas las edades y en esas
prisiones improvisadas hubo partos y muertes (la mayoría de estas últimas por causas
naturales, aunque provocadas por ansiedad).
Muchos detenidos fueron sujetos a tortura sicológica, incluyendo "fusilamiento
" con balas de salva, como le ocurriera al letrado cubanoamericano Mario Lazo
("Dagger in the heart", Twin Circle Publishing Co., New York 1968). En
algunos lugares de La Habana se contaron más de 4,000 personas hacinadas en uno
sólo de esos improvisados y temporales campamentos de concentración.
El estimado más conservador brindado por archivos hasta ahora secretos y
recientemente publicados de organismos de represión en la antigua Unión Sovética,
pone el total de secuestrados a través de Cuba durante abril de 1961 en más de
130,000. El "documental" de PBS redujo ese total a ¡20,000! La mayor
parte de estos rehenes fueron puestos en libertad en menos de una semana, cuando
se hizo evidente que el desembarco de Ciénaga de Zapata había fracasado y que
no era preludio a otra invasión mayor. Entre los que pudieron regresar a su
casa había muchos que obviamente los comunistas nunca identificaron, pues de
otro modo no los habrían soltado.
"Intentaron PBS y la productora Bosch distorsionar la historia
interesadamente" Los amigos lectores tienen la palabra.
lavozdecubalibre.com
Lillian Martinez
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